No cobro por lo que hago ni por lo que sé de diseño web

no cobro por lo que hago

No cobro por lo que hago ni por lo que sé

Tal vez alguien recuerde la campaña ‘No regales tu trabajo’. Surgió allá por 2014 y se volvió a reavivar en el año 2016.

Recientemente me recordaron un dicho que reza que “el trabajo de los demás no te cansa”, lo cual me recordó la campaña, cuya coletilla era “no cobro por lo que hago sino por lo que sé”, y unos días más tarde – ya sabes que el inconsciente trabaja en lo que le da la gana – aquí estoy, escribiendo un post al respecto, pero añadiendo un pelín de polémica porque yo, no cobro ni por lo que hago, ni por lo que sé.

Y no es que trate de polemizar per se, sino de la cuestión de fondo: el problema de trasladar el valor de lo que hacemos al coste para el cliente.

Así que, yo no cobro por lo que hago ni por lo que sé.  

El diseño web no implica lo que parece

Lo que hace cualquier profesional, desde un buen carpintero o ebanista hasta un diseñador web, un experto en SEO o un coach de liderazgo, por ejemplo, puede parecer sencillo para personas ajenas a su área de trabajo. Es lógico, ya que desconocen la cantidad de conocimientos y de decisiones a tomar para poder llegar a un resultado final.

Aquí viene muy bien la fábula de aquel que llama a un informático porque se le ha estropeado el ordenador. El informático llega, echa un vistazo, cambia una tuerca y le cobra 200€. El primero se lleva las manos a la cabeza y le dice, “Pero bueno, ¿qué es, de oro la tuerca!?”. El informático le contesta:

“Una tuerca, 10€. Saber qué tuerca cambiar, 190€”.

La fábula deja de manifiesto que lo más valioso de nuestro trabajo no es el material ni el tiempo que invertimos en realizarlo.

Tiempo que, por otro lado, llegamos a poder reducir gracias a nuestra experiencia, para beneficio del cliente. Si tuviésemos que basar nuestras tarifas en el tiempo que tardamos en hacer nuestro trabajo, cada vez cobraríamos menos, ya que la experiencia nos ayuda a hacer ciertas cosas con mayor rapidez y pericia.

¿Cobrar por lo que sé? Nah.

¿Cómo ponemos precio a lo que sabemos? ¿No parece algo imposible?

Habrá gente que es una eminencia en diseño web. Que no hay proyecto que se le resista. Que saben diseñar un sitio en cualquier lenguaje o software, lo que le pidas. Que además son súper creativos. Que no solo están a la última en tendencias de diseño, sino que además las crean. Yo qué sé. Genial.

Habrá gente que además de todo lo anterior, tenga conocimientos de diseño gráfico y puedan crearte toda la imagen de marca. Más genial aún.

Y así podríamos ir añadiendo.

¿Cómo valorar en euros todo eso? ¿Es posible?

Yo creo que no.

No es lo que sé de diseño web. Es el valor que aporto.

En mi caso, tendría que valorar un montón de cosas que sé y además pongo en práctica cada vez que diseño, que trabajo. Pero es que no puedo cuantificarlas.

¿Cuánto pagarías tú por conocer a tu artista favorito? La mía es Madonna. Seguro que yo pagaría mucho más que tú. A mí Madonna me aporta más que a ti. Yo le doy más valor a conocerla.

Por ejemplo, yo he trabajado 20 años en multinacionales como American Express o Kimberly-Clark, 10 de ellos en Inglaterra, adquiriendo un nivel de inglés óptimo. He sido analista de fraude, jefa de proyectos, analista de investigación, agente de servicio al cliente, analista de riesgo, analista de calidad de procesos, y muchas cosas más.

Gracias a todos esos puestos de trabajo que iban saciando mi sed de constante mejora, he adquirido un abanico de habilidades tan variopinto que beneficia mucho mi forma de trabajar y por tanto a mis clientes. Igual que el hecho de haberme lanzado hace años a reflotar un negocio de hostelería en Las Palmas que compré en horas bajas y vendí tres años después con beneficios y en plena ebullición (me aburre la vida detrás de una barra).

Además, soy muy creativa (a veces en exceso) y tengo bueno ojo para lo visual y lo gráfico. Si no fuese así, tal vez no habría adquirido el título de Fotografía con 20 años o el de Diseñadora de Interiores con 37.

Muy de humanidades, amo la psicología, la filosofía, la historia, escribir, la política, la música, el humor inteligente, el cine y las biografías de personas a quienes admiro (solo por mencionar unas pocas cosas).

Estoy segura de que todo lo anterior influye en mi forma de diseñar, de trabajar, de editar los textos, de expresarme, de rendir, de pensar. PERO:

¿Crees que puedo incluir todo eso en el precio de mis proyectos?

Pues mira, no.

Porque, aunque estoy segura de que contribuye positivamente a mi trabajo como diseñadora web, es una influencia indirecta además de incuantificable.

Otra cosa es el impacto de mi experiencia como coach profesional sobre mi diseño web y la influencia de lo que sé sobre SEO (posicionamiento web), hostings, marketing online, ventas, redes sociales … Todo esto sí que tiene una repercusión directa sobre mi diseño que redunda positivamente en los resultados de mis clientes.

Y eso es lo más valioso, a mi modo de ver.

No es el diseño web en sí ni lo que sé sobre ello, sino el hecho de que el web coaching no existía hasta que yo lo “traje al mundo” hace años, una forma única de diseñar sitios web, que de hecho ya ha sido copiada por diseñadores y no solo en España (yo, encantada. Decía Chanel que la más alta forma de halago es la imitación).

Tampoco es el hecho de usar el web coaching per se, o por ser un concepto pionero e innovador, sino por todo lo que gira a su alrededor:

  • La asesoría personalizada, aderezada con coaching como herramienta para identificar elementos clave para el diseño y objetivos de los sitios web de mis clientes.
  • La relación cercana que establezco con mis clientes para poder sacar el máximo partido a su negocio online.
  • La formación tras finalizar el desarrollo web.
  • La monitorización de su trabajo durante el proyecto y meses después de haberlo finalizado.
  • El cuidado y el cariño con que trato sus proyectos hasta darlos a luz. Para mí, son mis babies y no podría verlos de otro modo.   

En definitiva, se requiere más que afirmar “soy una buena diseñadora web”.

Para mí es esencial generar un lazo de confianza y una estrecha relación con mi cliente, de forma que yo le pueda demostrar mi pericia y valor y ella o él pueda compartir conmigo todos sus anhelos y objetivos relacionados con su sitio web.

Solamente de esta forma se puede parir algo que realmente merezca la pena y genere resultados.

4 comentarios en “No cobro por lo que hago ni por lo que sé de diseño web”

  1. He trabajado con otros diseñadores y con Esther ha sido algo totalmente diferente, no se preocupa solo del diseño y de la funcionalidad de la web, sino que además estudia tu línea de negocio, te aconseja, te ayuda, te da formación … y además hace que todo sea mas facil e interesante. He trabajado con ella ya en dos proyectos y para el tercero, no quiero a nadie mas¡

  2. Este post es muy acertado. Los conocimientos, habilidades y cualidades que ofreces en tu trabajo son evidentes, pero estoy de acuerdo que no se aprecian, no se valoran lo suficiente y por lo tanto no se consideran como parte del coste del producto que ofreces. También pocos agradecen o compensan económicamente cualidades tan escasas hoy en día como por ejemplo; la educación (y aquí me refiero no solo a la formación sino también a la cortesía y las buenas maneras); la paciencia que tienes con tus clientes, tanto los técnicamente hábiles como los que no; la comunicación clara y positiva, el buen manejo de tu tiempo y el de tus clientes; la empatía, honestidad y flexibilidad con la que tratas a cualquier persona (cliente fijo o potencial) y todos estos los parámetros morales, base fundamental de tu negocio y que son inestimables económicamente.

    1. WOW!! Muchas gracias por tu comentario Elena! Me alegra enormemente que te hayas sentido así durante el desarrollo de tus proyectos web conmigo. Me has dejado muy orgullosa y contenta por tus palabras y te lo agradezco en el alma. Estoy segura de que volveremos a trabajar juntas y te deseo muchos éxitos.
      Un enorme abrazo
      Esther

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